sábado, 27 de marzo de 2010

37.

El dolor fijaba atención en sus emociones.
Pequeños gemidos alertaron a su corazón;
una astilla incoherente lo atravesaba.
Miles de rosas parecían morir al mismo tiempo
y la valentía se ocultaba de su rostro.
Aún quedaban los temores de volver y de reencontrar a la burla de sí;
el dolor aún se mantuvo atento, entregado y maravillado.

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