
Los recuerdos de aquella tarde lluviosa
quedaron en su frágil corazón.
El tiempo daba giros constantes
en ese marco, arriba del cristal de papel
que fingía rayos de vida.
Y llegó sin aviso, con un casual instinto
recogió las telas de su humilde hogar,
dio un gran paso hacia delante y susurró al cielo
grandes alabanzas; sus ojos se compararon con brillantes
diamantes de colores y los minúsculos segundos satisficieron
el momento de su agonía.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario