miércoles, 10 de febrero de 2010

33.


Prometo rodearte, besarte y tomarte de la mano
sin que interese el diluvio.

No prometo aceptar tal propuesta, mas tomarla en cuenta, quizá.

Su cabeza daba giros abstractos, las dudas se apoderaron de ella,
casi enloqueciéndola, casi matándola y al fin dejar que sus aspiraciones
y desfogos vaguen con total libertad.

Estoy aquí, pero lo prometido no es cumplido
y los cumplidos no son a manera de promesa.

El silencio nos atrapa, las miradas se desvían a los árboles
que rápidamente se movilizan a la pena del mirar y no decir nada.
La casualidad no existe, las miradas se hallaron vergonzosas mutuamente
y un cálido beso se convirtió en pasión y deseo.
Lo incorrecto nos invade, pero ¿qué es lo incorrecto?;
si no amar es tan despreciable y no sentir, tan lamentable.

Las vidas se unieron y descansaron en paz sobre una nube celestial.

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