Cortamos franjas incesantemente y
cada quien se quedó con su mejor parte, pero cada parte conocía de carencias
distraídas.
Contamos franjas en los labios,
con dedos y uñas frágiles, por miedo a perder el número de líneas en un segundo
de conexión.
Colocamos franjas en cada rostro,
con colores impecables y desatinados. Colores inexplicables para cualquiera,
colores imponentes para cada una de nuestras imperfectas almas.
Contamos y contaremos con ellas,
divididas, extrañas, infinitas, en el mismo camino, en el mismo pasillo y en la
misma mirada, a vista de tus pupilas.
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