Último día de diciembre.
Hoy desperté como habitualmente he despertado en estos últimos tres días, muy débil.
Estos últimos tres días que me los he pasado en cama han sido más que duros, más que debilidad y no se han podido comparar para nada con el dolor que me produce un dedo hueco al caminar. Para nada. Sólo mi debilidad me mantiene en pie, en pie no... sentada.
Es irónico.
Yo, una persona sumamente impaciente, muy desesperante, desesperada;mi otro yo, tratando de mantener un poco la calma en estos días tan ásperos.
Ásperos porque...
Ayer dije que las mañanas y las tardes me ponían mucho más débil y triste; que las noches son sinónimo de fortaleza.
Quisiera que la noche siempre esté ahí, para al menos tratar de verla diferente, no como ahora que la conformidad está en verla desde la ventana y sentirla a través de ella sin que pueda responderme.
Hoy desperté como todas estas mañanas: Drogándome y comiendo poco, mientras trato de no sentir mi humor convertido en olores fétidos que todo mi mundo puede percibir.
Es irónico.
Alguien como yo y esta enfermedad viviendo a la par.
Ásperos. Mis días siguen siendo ásperos y no puedo llorar, porque si tratase de hacerlo nuevamente mis ojos querrían salir a tomar aire por sí solos, el dolor se mezclaría con mis lágrimas. Y jamás pasó que odiara al dolor compartiendo con lágrimas; este encuentro siempre me pareció tan racional y natural, sobre todo en mis días de caprichosa y egocéntrica... Tan niña yo.
Tan mujer hoy...
Quisiera que pasado mañana sea el día de mi redención. O tal vez hoy, que el día se lleva un año de metas a medio cumplir, a una chica medio loca que actúa como grande y luego se orina del miedo al no querer aceptar tantas posibles consecuencias.
¿Qué harías si pasado mañana mi mente se vaya a volar con Dios?
¿Cantaría con ángeles? ¿Encontraría el antídoto o la contraseña del juego de esta vida? ¿Visitarías a mi alma todos los ''pasado mañana''?
O... simplemente ¿te quedarías en silencio?
Abrazaría a Dios y le recordaría que pasado mañana es mi cumpleaños para que así me obsequiara esa tan ansiada clave.
Quedaría en silencio al saber que lo que nadie entiende es que esta clave es el tiempo y que lo único por hacer es tener horarios imaginarios para tratar de conocer lo desconocido, las cosas ''bellas'' de este mundo de horror y error.
¡Vamos, despierta! Las enfermedades no nos matan físicamente, sólo matan un pedazo de alma que nos hace pensar ¿qué estoy haciendo mal?
Pensar que todo es obra de un castigo por caprichosa y egocéntrica. Yo, tan niña.
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